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Wed May 03 09:57:00 CEST 2017 Wed May 03 09:57:00 CEST 2017 Wed May 03 09:57:00 CEST 2017

Pregón Semana Santa 2017

Fecha Wed May 03 09:57:00 CEST 2017
Localidad Villamañán

Pregón Semana Santa 2017

 Buenas noches a todos.

Es un honor y un orgullo que la Junta Mayor haya pensado en mí este año para ser el Pregonero de la Semana Santa de Villamañán, de la Semana Santa de mi pueblo.

Hoy quiero compartir con todos vosotros lo que he podido averiguar sobre el desarrollo de la Semana Santa de Villamañán a lo largo de los últimos 450 años.

La Semana Santa comenzaba a prepararse el Miércoles de Ceniza y continuaba a lo largo de toda la Cuaresma.

Como parte fundamental de esa preparación se encontraba la predicación de los Sermones de Cuaresma. El primero era el del Miércoles de Ceniza, al que seguían los de los viernes de Cuaresma por la noche y los de los domingos de Cuaresma por la tarde, después de rezar el Rosario.

Del pago de estos sermones, del alojamiento y de la manutención del Predicador se hacía cargo el Ayuntamiento, pago que se realizó ininterrumpidamente hasta el año 1927, año en el cual el Ayuntamiento suprimió la partida de gastos destinados a la Semana Santa. Diez años después, el Ayuntamiento volvió a asumir el pago de los sermones, pero solo los que se celebraban durante la Semana Santa, que eran el del Mandato y el de la Pasión.

Los Predicadores venían a Villamañán desde el Convento de Santo Domingo de Valencia de don Juan o desde los Conventos Franciscanos de Mansilla de las Mulas, Astorga y León.

A estos Conventos, por enviar un Predicador, se les daba dos carneros vivos y pescados frescos y salados.

En 1629, hace casi 400 años, llegaron a Villamañán los Franciscanos Descalzos para fundar el Convento de San Pedro de Alcántara. Durante algo más de 200 años, hasta que en 1834 fueron obligados a abandonar el Convento, los Franciscanos se hicieron cargo de la predicación de los sermones, pagándoles todos los años 200 reales para aceite y pescado, además de permitirles coger el agua de la Fuente de San Roque.

Los viernes de Cuaresma por la tarde se cantaba el Miserere y la Salve y los martes el Vía Crucis, también por la tarde.

El canto del Miserere lo realizaban los Clérigos de la Villa a partir de 1610 desde un pequeño coro situado delante del altar del Santo Cristo, de donde le viene el nombre de Santo Cristo de los Misereres.


Desde 1666, hace ahora 350 años, terminado el canto del Miserere, los clérigos del Cabildo de San Nicolás y los demás clérigos de misa que había en la Villa, cantaban la Salve delante del Altar de Nuestra Señora de la Soledad, fundado por don Pedro de Lemos y Grijalba y su mujer doña Catalina Portocarrero y Cabrera y situado a la derecha de las puertas de la Sacristía, donde hoy está el Altar de Nuestra Señora de la Concepción.

Los Clérigos que realizaban los canticos no debían hacerlo con mucha armonía, no como la Coral que ahora tenemos, ya que en una visita que el Obispo de León hizo a Villamañán, mandó que no se admitiese a ningún Clérigo en el Coro que no tuviese el certificado de haber estudiado canto llano, obligándoles además a ensayar bajo la dirección del Organista de la Iglesia al menos dos días a la semana.

El Domingo de Pasión, que es el domingo anterior al Domingo de Ramos y es considerado como el preludio oficial de la Semana Santa, todas las imágenes de los altares de la Iglesia se cubrían con paños morados, permaneciendo así hasta la tarde del Sábado Santo.
Esta costumbre de cubrir las imágenes, fue abolida por el Concilio Vaticano II en el año 1963.

Con el Domingo de Ramos llegaba la Semana Santa y la celebración de procesiones.


Los desfiles procesionales comenzaron a gestarse en España a finales del siglo XV, sin embargo, fue en el siglo XVI cuando empezaron a manifestarse como una especie de continuación popular de la liturgia propia de estos días Santos.

En el siglo XVI tiene lugar la aparición en España de hasta tres tipos distintos de cofradías penitenciales:
- Las Cofradías de la Vera Cruz.
- Las Cofradías de la Soledad.
- Las Cofradías de Jesús Nazareno.

En Villamañán tenemos constancia de la existencia de la Cofradía de la Santa Vera Cruz desde mediados del siglo XVI.

De una Cofradía de la Soledad en Villamañán no hay noticia, pero sí de la existencia de un altar de Nuestra Señora de las Angustias o de la Quinta Angustia, que era como también se llamaba a estas Cofradías. De este altar nos queda el altorrelieve de la Piedad del siglo XVI, colocado en la Capilla del Santísimo.

La Cofradía de Jesús Nazareno se funda en Villamañán en el año 1753.

Ahora vamos a recordar algunas de las procesiones que se celebraban y celebran en Villamañán

De la primera que hablaremos es de la PROCESION DE LOS DISCIPLINANTES.
La primera noticia que tenemos de esta procesión es de hace más de 450 años, que se celebraba al atardecer del Jueves Santo, que la dirigían los Regidores del Ayuntamiento, es decir los Concejales de aquella época, que a ella asistían los Oficiales de la Cofradía de la Santa Vera Cruz y que los vecinos de las calles por donde pasaba debían tenerlas limpias y encender hogueras para alumbrarla.

La procesión la abría el Mozo de la Voz Pública tocando la caja del tambor y detrás de él un Hermano de la Vera Cruz llevaba el pendón de la Cofradía.

Los disciplinantes iban saliendo de la Iglesia tras recibir la absolución total de sus culpas y pecados de manos de un Sacerdote, que les imponía como penitencia el que se disciplinasen hasta sangrar durante el transcurso de la procesión.

Vestidos con la “camisa de disciplina”, que era una especie de enagua blanca que les llegaba hasta las rodillas y estaba provista de una capucha roma que les tapaba el rostro, se disponían en filas a lo largo de la procesión, con las espaldas desnudas, y se iban azotando con unas madejas o ramales de lino e incluso con unos rudos cordeles de esparto.

Si no se sangraba, el disciplinante que pertenecía a la Vera Cruz estaba obligado a salir en procesión el día de la Exaltación de la Cruz, azotarse en ella y sangrar si quería obtener la absolución de sus pecados.
En el año 1609, hace ahora 408 años, la Cofradía de la Santa Vera Cruz encarga a un escultor de Medina de Rioseco, de la Escuela de Juan de Juni y llamado Mateo Enríquez de Bolduque, la imagen del Santo Cristo que podemos admirar en la cabecera de la nave norte de la Iglesia, en un retablo realizado en 1755 por un Maestro Arquitecto de León llamado Froilán de Valladolid.

A partir de 1610 la imagen del Santo Cristo era sacado en la procesión de los disciplinantes por la persona que más ofrecía por el derecho a llevarla. Así por ejemplo, en 1626 ese derecho lo obtuvo un vecino de Villamañán llamado Pedro Andrés, que pagó dos ducados al año, más un velo para cubrir la imagen del Santo Cristo y que costaba cuatro ducados.

Podéis imaginaros en qué estado físico quedaban los disciplinantes después de la procesión.

La higiene en aquella época tampoco era la más adecuada, con lo cual las heridas que se infringían al azotarse se infectaban, con grave peligro para su vida.

Además, siendo la época en que se realizaban las principales labores de las viñas, principal riqueza de Villamañán y medio de subsistencia de los jornaleros, estas muchas veces quedaban sin hacer o se hacían tarde, con las consiguientes consecuencias económicas.
Las consecuencias eran tan graves que poco a poco estas procesiones fueron dejando de hacerse, llegando a ser prohibidas por el Rey Carlos III en 1777.
En Villamañán se dejó de celebrar alrededor del año 1665 y el Santo Cristo de los Misereres no volvió a salir en procesión.

Pero en el año 2004, Benito y Tino dedicaron muchas horas de su tiempo a la restauración de su imagen, con el objetivo de volver a sacarla en procesión.

El Ayuntamiento colaboró con la construcción del trono y de esta manera en la noche del Jueves Santo del año 2005, tras 350 años sin abandonar su altar, el Santo Cristo de los Misereres salió nuevamente en procesión.

En el año 2007, Villamañán hizo Voto solemne al Bendito Cristo y desde ese año la Junta Mayor de Semana Santa, a petición del Ayuntamiento como Patrono del paso, organiza la procesión, recuperando en cierta manera, la antigua procesión de los disciplinantes.

Para sustituir a la Procesión de los Disciplinantes, la Cofradía de la Santa Vera Cruz organizó a partir del año 1665 dos nuevas procesiones, sacando en ellas las imágenes de Jesús Nazareno y Nuestra Señora de los Dolores, cuyas caras y manos había mandado hacer el Licenciado Francisco Rojo en Valladolid a un escultor de la escuela de Gregorio Fernández.

El Domingo de Ramos por la tarde los Hermanos de la Vera Cruz, vestidos con túnica negra, cíngulo y cruz al hombro, bajaban las imágenes de Jesús Nazareno y Nuestra Señora de los Dolores a la Ermita de la Zarza y las dejaban allí para el lunes y martes por la tarde rezar al Rosario y cantar el Calvario en la Ermita.

Con el paso del tiempo, a esta procesión se incorporó la imagen del Ecce Homo, talla de mediados del siglo XVI mandada hacer por Pedro Picado para ponerla en un altar situado junto al púlpito.

En 1753, la Cofradía de la Vera Cruz cede las imágenes del Nazareno y la Dolorosa a la Cofradía de Jesús Nazareno y San Antonio Abad, para que esta Cofradía pudiese realizar la Procesión del Encuentro. A cambio de la cesión, la Cofradía de Jesús Nazareno se hizo cargo de bajar las imágenes a la Ermita el Domingo de Ramos por la tarde.

El Jueves Santo por la mañana, después de la Misa Mayor, el Santísimo Sacramento era trasladado en procesión al Monumento montado delante del Altar del Santo Cristo, siendo acompañado desde finales del siglo XVI por los Hermanos del Santísimo Sacramento con velas encendidas en sus manos.

Delante del Monumento los fieles ponían velas para alumbrar al Santísimo, velas que llevaban una marca para saber a quién pertenecían.

El jueves por la tarde, tras cantarse el Evangelio y predicarse el sermón del Mandato, el Clero, el Ayuntamiento y los Hermanos de la Vera Cruz bajaban a la Ermita de la Zarza a buscar las imágenes que habían sido bajadas el domingo. A mediados del siglo XX, con la desaparición de la Cofradía de la Santa Vera Cruz, de subir las imágenes también se hizo cargo la Cofradía de Jesús Nazareno.

El jueves por la noche, el sonido de la matraca instalada en la torre llamaba a los fieles para que asistiesen a la celebración del oficio de Tinieblas.
El sonido de la matraca volvía a llamar a los fieles el viernes y el sábado por la noche para la misma celebración.

A mediados del siglo XX, en los oficios de Tinieblas del Jueves Santo se encendían cuatro cirios en el Monumento instalado delante del Altar del Santo Cristo y el señor Conrado y el señor Sandalio cantaban desde el coro cuatro salmos del Miserere. Después de cada salmo se apagaba un cirio y así sucesivamente hasta acabar de cantarlo.
Cuando se terminaba el Miserere, se apagaban todas las luces de la Iglesia, esta quedaba en penumbra y los fieles hacían sonar sus carracas.

El Viernes Santo es el día grande de la Semana Santa de Villamañán, ya que este día se celebran tres procesiones: la Procesión del Encuentro, la Procesión del Calvario y la procesión del Santo Entierro.

 


En febrero de 1753, hace ahora 264 años, se funda en Villamañán la Congregación de Jesús Nazareno y San Antonio Abad, siendo uno de sus fines la celebración de la PROCESION DEL ENCUENTRO.

A las cuatro de la mañana, cuando la campana llamaba a los vecinos para el sermón de la Pasión, los hermanos seglares de la Cofradía acudían a la Iglesia con su túnica negra de bitan, capillo, soga al cuello y cruz a cuestas. Los hermanos eclesiásticos acudían con sus hábitos largos tendidos, soga al cuello y corona de espinas. La Regla permitía acudir descalzo, pero no aspados o con grilletes, es decir, no se permitía la mortificación.

Si el tiempo lo permitía la imagen de Jesús Nazareno, bajaba por la Calle Mayor llevada por cuatro sacerdotes hermanos de la Cofradía vestidos con sus albas, estolas y corona de espinas. Cuando en la Cofradía dejó de haber sacerdotes, la imagen pasó a ser llevada por cuatro hermanos seglares vestidos con sus túnicas y capillos.

Por la Calle de la Amargura bajaba la imagen de Nuestra Señora de los Dolores llevada por cuatro hermanos seglares, también vestidos con sus túnicas y capillos.

En la Plazuela de la Carnicería, en el mismo lugar que ahora, Jesús se encontraba con su Madre y se predicaba el sermón del Encuentro.
Delante de la procesión iba el Mozo de la Voz Pública tocando pausadamente el tambor y acompañando a las imágenes iban los hermanos de la Cofradía con velas en sus manos.

En algún momento del siglo XIX, a la procesión del Encuentro se incorporó una imagen de San José del año 1720, mandada hacer por Alonso Montejo-Méndez Rojo y que hacía y hace las veces de San Juan.

Terminado el sermón del Encuentro, se volvía a la Iglesia y en esta se predicaba el Sermón de la Pasión.

Después de descansar unas horas, se celebraban los Oficios del día y se cantaba la Pasión. Acabados los oficios, se retiraba el Santísimo del Monumento y hasta el año 1813 se colocaba de nuevo en el Altar Mayor, acompañando a la procesión los Hermanos del Santísimo con sus velas en la mano. A partir de este año se colocaba en la Capilla de San Gerónimo, ya que el altar mayor estaba ocupado por la urna.

Terminado el traslado del Santísimo Sacramento, la gente recogía las velas que había puesto en el Monumento y se las llevaba para su casa, ya que era costumbre encenderlas los días en que había tormenta para protegerse de ella.

A media mañana se salía de la Iglesia cantando el Vía Crucis por el camino del Calvario, llevando las imágenes del Nazareno y la Dolorosa.
La PROCESION DEL CALVARIO ya se realizaba a finales del siglo XVII y el Ayuntamiento se encargaba de poner y quitar las catorce cruces del Vía Crucis. Esta procesión, también organizada en sus orígenes por la Cofradía de la Santa Vera Cruz, ha terminado siendo organizada, una vez más, por la Cofradía de Jesús Nazareno.

Desde al año 1998, en las cuatro procesiones que organiza la Cofradía de Jesús Nazareno, la Virgen de los Dolores es porteada por las Hermanas de la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores, que desde el año 2008 organizan su propia procesión el Viernes de Dolores, siendo acompañadas en la misma por las Hermanas de la Cofradía de la Agonía de Nuestro Señor de León.

El 3 de abril de 1679, los Hermanos de la Cofradía del Santísimo Sacramento dispusieron y ordenaron en que el día Viernes Santo de cada un año se hiciera el Entierro de Cristo Nuestro Bien, con la disposición que mejor fuera posible.

Para poder realizar la PROCESION DEL ENTIERRO, en mayo de 1680 la Cofradía encarga al Escultor de Valderas Francisco de Castro Canseco, la hechura de un Santo Cristo de dos varas de estatura, con su pelo y barba natural, uñas, dientes y lengua y los ojos de cristal, y que los brazos, caderas y rodillas, hayan de ser y sean de goznes y que todos los miembros, nervios y arterias se han de hacer y disponer conforme arte y con toda la demás perfección que en sí pudiere adelantar el dicho Maestro.

También le encargan que haga la caja del sepulcro, con cuatro columnas salomónicas y encima de ellas cuatro Angeles con los pasos de la Pasión, adornando el dicho sepulcro con sus vidrieras del vidrio que mejor se hallare.

Los Angeles con los pasos de la Pasión desaparecieron de la urna en algún momento del siglo XIX, siendo sustituidos en 1887 por cuatro faroles. En el año 2014 y gracias al trabajo y dedicación de Benito, la urna vuelve a lucir los Angeles en sus cuatro esquinas.

Por último le mandan hacer así mismo una Cruz de quince pies de alto, con las escalas que a ella corresponden, y los rostros y manos de las hechuras de un San Juan, la Magdalena y la Soledad, con sus ojos de cristal, con unas andas para estas tres imágenes.

Al caer la tarde, en un teatro colocado en la Plaza Mayor, se colocaba la imagen de Cristo en la Cruz, se predicaba el sermón de la Soledad y a continuación se realizaba el desenclavo y el descendimiento de la imagen del Cristo, que era colocada en la urna.

El sermón de la Soledad venía predicándose en la Iglesia desde el año 1666, por encargo que don Pedro de Lemos y Grijalva hizo al Cabildo Eclesiástico de San Nicolás.
Antes de predicarse en el teatro del Descendimiento, el sermón de la Soledad lo predicaba un predicador del Convento de San Pedro de Alcántara desde un púlpito movible que se colocaba delante del Altar de Nuestra Señora de la Soledad, con la imagen de la Virgen descubierta y cuatro velas alumbrándola.

La ceremonia del Desenclavo y el Descendimiento dejó de realizarse en el año 1810, ya que la imagen del Cristo estaba inservible y con los brazos desprendidos, siendo totalmente imposible realizar las ceremonias.
Durante dos o tres años más se montaba el teatro y se colocaban las imágenes en él, pero solo para predicar el sermón y a continuación realizar la procesión.

A partir de 1814, la Cruz del Descendimiento, la urna y las demás imágenes se colocaban en el Altar Mayor de la Iglesia y el sermón se decía allí.

Desde que se suspendió el Descendimiento, la imagen de Cristo permaneció siempre dentro de la urna, envuelta en un sudario blanco.

La imagen que actualmente se puede contemplar dentro de la urna es el resultado de la restauración realizada el año 1975 en el taller de Amado Fernández Fuente, vecino de León.

Abriendo la Procesión del Santo Entierro de Cristo Nuestro Bien iba el Mozo de la Voz Pública tocando pausadamente la caja del tambor.
Detrás de él iba un Hermano de la Cofradía portando el guion de la Cofradía del Santísimo Sacramento.

A continuación, otro Hermano de la Cofradía portaba una Cruz con las insignias de la Pasión pintadas en ella.

Esta Cruz, conocida como la “Cruz de los Niños”, fue sustituida a finales del siglo XVIII por los “Atributos de la Pasión”, atributos que llevaban y llevan en sus manos ocho niños: los clavos, las monedas, la corona de espinas, el martillo y las tenazas, la esponja, la escalera, la lanza y el gallo.

A continuación, iban las imágenes de San Juan y la Magdalena, imágenes que dejaron de salir en la procesión en el último tercio del siglo XX.
En la actualidad en la procesión sale la imagen de San José que hace las veces de San Juan en la procesión del Encuentro.

A San Juan y la Magdalena le seguían cuatro Hermanos portando cada uno de ellos una pendoneta negra, cada una con una letra de las siglas SPQR, acrónimo de la frase latina “Senatus populusque Romanus” (el Senado y el pueblo romano), imitando las que llevaban las legiones romanas que ocupaban la región de Palestina en la época de Jesucristo.

Luego venía la urna con el Cristo yacente, urna que era llevada por cuatro Sacerdotes.

Tenéis que pensar que cuando se empieza a hacer la procesión del Entierro, en Villamañán había más de 20 sacerdotes y su vestimenta para las grandes ocasiones era una túnica con cola que se recogía en la parte de atrás. Para imitar en cierta manera la vestimenta de los sacerdotes, los hermanos de la Cofradía llevaban y llevan una túnica similar. El gorro que llevan imita en cierta manera el roquete de los sacerdotes. Al principio solo llevaban túnica los seis hermanos que llevaban el guion, las pendonetas y la Cruz de los Niños, pero cuando en la Cofradía empezaron a escasear los sacerdotes y la urna pasó a ser llevada por cuatro hermanos seglares, se estableció la obligatoriedad de la túnica para todos los hermanos.

Desde el año 2000 al año 2007 la urna la llevaban ocho hermanos y desde el año 2008 es llevada en un trono por treinta y seis braceros.

Alumbrando la urna iban los demás Hermanos de la Cofradía con velas en sus manos. Desde el año 1993 los Hermanos llevan unos faroles porta velas.

Custodiando la urna, durante gran parte del siglo XX iban tres Guardias Civiles con uniforme de gala.

Detrás de la urna iba la imagen de Nuestra Señora de la Soledad.

La imagen de Nuestra Señora de la Soledad original, debido a su deterioro, dejó de salir en la procesión en algún momento del siglo XIX y a principios del siglo XX seguía sin salir.

Desde los años 40 del siglo XX y hasta la actualidad, la Cofradía del Rosario saca a la Virgen del Rosario en la procesión del Entierro, haciendo las veces de la Virgen de la Soledad.

Desde que se creó la Banda Municipal de Música de Villamañán, allá por los años 60 del siglo XIX, la Banda acompañaba la procesión, tocando el Himno Nacional en el momento que la urna salía de la Iglesia.

Nunca ha faltado la música en la procesión del Santo Entierro, ya que cuando en los años 60 del siglo XX desapareció la Banda, de tocar en la procesión se encargaron Enrique Sotero, su hermano Angel, Lázaro, Paco y Juan. De este pequeño grupo también formaron parte Javi y Ramón.

Durante la procesión nunca faltaba la interpretación de “El Cristo del Perdón” y “El Cristo de la Sangre”. A finales de los 80 del siglo XX se incorporó al repertorio la música de “Amor de Hombre”.

En el año 2004 se creó la Banda de Cornetas y Tambores “El Salvador” y en el 2005 salió por primera vez en procesión acompañando a las procesiones del Santo Cristo de los Misereres y del Entierro de Cristo. Desde el año 2008 también hacen sonar sus instrumentos en la procesión del Viernes de Dolores.
Entre 1860 y 1960, la Banda Municipal de Música también acompañaba a las procesiones que bajaban a la Ermita de la Zarza y subían a la Iglesia las imágenes del Ecce Homo, el Nazareno y la Virgen de los Dolores.

El Domingo de Resurrección, una hora antes de amanecer las campanas llamaban a los fieles para que asistiesen a una misa cantada, tras la cual el Santísimo Sacramento, llevado en andas por los hermanos del Santísimo, salía en procesión por la puerta principal hasta un altar colocado en la parte trasera de la Iglesia, en donde esperaba Nuestra Señora vestida con sus mejores galas.

Tras cantarse la Salve delante del altar, la procesión volvía a la Iglesia por la puerta trasera de la misma.
A partir de 1885, cuando se tapiaron las puertas traseras de la Iglesia, la procesión se hacía alrededor de la Plaza Mayor.

La última noticia de la celebración de esta misa y procesión data del año 1910.

El último acto de la Semana Santa era la Misa Popular que se celebraba el Domingo de Resurrección y en la que se predicaba el Sermón de Resurrección.

Y esto es todo lo que puedo contaros y se de la Semana Santa de Villamañán a lo largo del tiempo.


Para terminar y parafraseando a nuestros antecesores, es mi deseo y creo que también el vuestro, que la Semana Santa de Villamañán vaya siempre en aumento y nunca en disminución.

Gracias a todos por vuestra atención.

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